Barcelona se rinde ante la magia de Lorde en su debut en la península.

Con tan solo 20 años, Lorde está ya recorriendo medio mundo presentando en directo su segundo disco de estudio Melodrama. Y no es una hazaña ni mucho menos menor; el escandaloso éxito de su disco debut Pure Heroine le lanzó al estrellato global en 2013, y desde entonces, no ha hecho más que girar a lo largo y ancho de gran parte del mundo. La neozelandesa ha encontrado tiempo además para componer y lanzar su esperado sucesor, un Melodrama que no solo no sufre del síndrome del segundo álbum sino que se nutre de todas las formas en las que la vida de Ella Marija Lani Yelich-O’Connor (Lorde) ha cambiado en los últimos años, usándolas para crear algo meramente asombroso, y de nuevo, extremadamente personal y maduro pese a su edad.

Su concierto en Barcelona el lunes (el primero y de momento único en España en toda su carrera) no hizo más que reafirmar su posición como presente y futuro de la música y del pop más trascendental. Tal y como ella misma dijo durante el transcurso del set, sus directos no son más que la expresión final de su obra, canciones que ella misma ha creado y a través de las cuales refleja el dolor de una ruptura y la soledad que conlleva la fama, y cómo todo queda en un segundo y lejano plano cuando toca en directo ante sus fans.lorde melodrama tour

Mientras Running Up That Hill de Kate Bush termina de sonar, parte de un clip empieza a emitirse en la pequeña pantalla colocada en uno de los extremos del escenario, acompañado por la voz de la propia Lorde. La palabra Melodrama emerge en la parte posterior del escenario en un neón brillante, y la sensación de fantasía y maravilla que co-existe alrededor de Melodrama cobra vida por completo.

Acompañada de dos bailarinas de danza contemporánea y con una escenografía más bien minimalista y marcada por la las tres figuras de neón -un astronauta, un manojo de flores y una estrella fugaz- que diferenciarían las tres partes en las que se dividiría su directo y la palabra Melodrama en lo alto del escenario, Lorde llega y triunfa, encandilando a un público de lo más heterogéneo y entregado que supo estar también a la altura de lo ofrecido. Algo más de hora y media en la que sonó casi al completo Melodrama (todas a falta de Writer in the Dark Melodrama II) y en que las que Lorde se mostró sólida y emocionada ante tal recibimiento.

Con Homemade Dynamite como pistoletazo de salida, Lorde decidió empezar la noche con algunos de sus temas ya más potentes y conocidos entre el público: Sober, su colaboración con Disclosure MagnetsBuzzcut Season Tennis Court, fueron prueba de ello, además de una Hard Feelings que recibió la primera gran ovación por parte del público.
lorde sant jordi clubThe Louvre marca el inicio de la segunda parte del set, en el que hubo tiempo hasta para versionar a sus compañeros de profesión The 1975 con una cuidada versión de Somebody Else. Uno de los momentos más remarcables de la noche llegó por eso con Liability, baladón de Melodrama por excelencia y que en el Sant Jordi Club nos mostró a la Lorde más sincera y vulnerable, totalmente transparente con sus sentimientos y pensamientos y dispuesta a compartirlos también con sus seguidores, como ella misma dice, “su verdadero amor”. Resulta casi imposible no contagiarse de la energía y espíritu de Lorde, no creerse cada una de las palabras que entona a lo largo de toda la noche. La neozelandesa actúa como voz de toda una generación con sencillez y sinceridad pero también con madurez y dureza.

La tercera y última parte del concierto aguarda los últimos cinco temas de la noche. Supercut llega de forma impulsiva para momentos más tarde ser arrebatada por la altamente aclamada Royals, canción con la que se dio a conocer hace ahora cuatro años y tras la que le siguen Perfect Places Team, el colofón casi final de una noche para el recuerdo de muchos.

“Esta canción, la última, no es una canción cualquiera,” exclama Lorde con una sonrisa que en ningún momento de la noche se le desdibujaría de su rostro antes de que empiecen a sonar las primeras notas de Green Light, la eufórica y natural conclusión de la noche que terminaría entre confeti y con una sensación de que acabábamos de presenciar el presente y futuro de la música, toda una (infrecuente) estrella del pop a la que parece que todavía le queda mucho por ofrecer.
lorde barcelona

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