Las nuevas apuestas de plataformas como Netflix y clásicos de la pequeña pantalla ofrecen un catálogo musical para todos los gustos.

El boom de plataformas de televisión de pago como Netflix, HBO o el patrio Movistar+ han dado alas a un fenómeno que ya había despegado: el de las series de televisión como el nuevo objeto de entretenimiento de culto. Nuevas producciones como A Series of Unfortunate Events, The OA o The Crown reciben una atención por parte de los medios antes impensable, los lugares elegidos para el rodaje de Juego de tronos mantienen en vilo a fans de todo el mundo y es imposible referirse a Donald Trump sin referirse a su homólogo en la ficción, Frank Underwood, de House of Cards.

Productores y creadores están dispuestos a entrar en los hogares de todo el planeta pisando fuerte, y no dudan en utilizar para ello todas las armas a su alcance: publicidad, atención mediática, redes sociales, e incluso la música.

Los nuevos lenguajes en televisión han dado lugar también a una nueva forma de entender la música en las series, como algo más que un mero acompañamiento. En ocasiones, la música se ha convertido incluso en parte de la historia, como un protagonista más de la trama. Así ocurre en The Get Down, una producción en la que la apuesta de Netflix por la música es tan clara que la ficción cuenta con la dirección de Baz Luhrmann, el director de la oscarizada Moulin Rouge. The Get Down narra el surgimiento de la música hip-hop y rap en los años 70, de la mano de un grupo de amigos que participan en el antecedente de las batallas de gallos actuales en el sur del Bronx estadounidense. La serie incorpora buques insignia del soul actual como “Black man in a white world” o “Rule the world” de Michael Kiwanuka o “Ball of Confusion”, de Leon Bridges, y juega con nuevas versiones de temas clásicos, atreviéndose con una nueva versión de “You can’t hide from yourself” de Teddy Pendergrass, que cuenta con la voz del ex One Direction Zayn Malik. La música está presente en la serie de Netflix de una forma poco convencional, puesto que los propios protagonistas, un aspirante a MC y una joven que quiere ser la próxima Donna Summer, cantan sus propios temas, que se unen a clásicos y hits.

Si hay una serie que transporta al espectador a los 80 es Stranger Things. Desde los créditos iniciales, que se deslizan por la pantalla con letras de juegos de arcade, la theme song instrumental de Kyle Dixon y Michael Stein es toda una carta de presentación al género de la ciencia ficción de los 80. Los niños protagonistas, que luchan contra un monstruo que se ha llevado a su amigo, descubren y adoran “Should I stay or should I go”, de The Clash, mientras que a sus aventuras les acompañan canciones como “Africa” de Toto, “Atmosphere”, de Joy Division, una versión melancólica del éxito de Bowie “Heroes”, de Peter Gabriel e incluso la voz de Bing Crosby con su conocidísimo villancico “White Christmas”, porque qué mejor manera de celebrar la Navidad que intentando vencer a un monstruo que viaja entre dimensiones.

Friends abre la puerta a los 90 en televisión y, a día de hoy, sigue siendo la perfecta representación de una década. Phoebe, Rachel, Monica, Joey, Chandler y Ross se nos presentan al ritmo de “I’ll be there for you”, de The Rembrandts, que será por los siglos de los siglos “la canción de Friends”, y hacen del Central Perk su casa y de Nueva York el escenario de sus aventuras con temazos de los 90 de fondo. En sus idas y venidas tienen la compañía, entre otros, de “Don’t stand so close to me” de The Police, de “Angel of the morning” de The Pretenders, y de canciones que nunca pasan de moda como “Girls just wanna have fun”, de Cindy Lauper, “The Reason”, de Hoobastank, “Shiny happy people”, de REM, “London calling” de The Clash o, cómo no, “With or without you”, de U2. Son de sobra conocidas, pero en Friends, una canción las eclipsa a todas: el “Smelly cat” de Phoebe, incomparable guinda a una serie que es un verdadero pastel musical.

Ya en la actualidad, los millennials y sus historias copan la pequeña pantalla en producciones como la británica Skins, donde un grupo de adolescentes descubre el mundo de las drogas, las fiestas y los primeros amores en un Bristol donde suenan The Hives, The Yeah Yeah Yeahs, The Kills, Vampire Weekend y The Chemical Brothers, pero también “Everything changes but you”, de Take That, “Hometown Glory”, de Adele, “The final countdown”, de Europe e incluso Britney Spears y su “Oops, I did it again”. No falta el “Wild world” de Cat Stevens en un desconcertante final de temporada musical en el que los protagonistas cantan como si de un vídeo musical se tratara.

Y de Inglaterra a Nueva York nos traslada la comedia Girls, de Lena Dunham, y lo hace al ritmo de los últimos éxitos pop y canciones que triunfan en las listas de hits. MGMT, Kelly Clarkson, Robyn, John Mayer, La Roux, The Vaccines y Oasis forman una de las bandas sonoras que mejor captan la actualidad de la música comercial, y que no vacila en incluir desde “Skyscraper” de Demi Lovato hasta “I love it”, de Icona Pop y Charli XCX.

Ese tipo de música no tiene cabida en la Lousiana tenebrosa de True Detective, en la que el ambiente en el que los detectives Cohle y Hart investigan unos extraños crímenes es el ideal para recuperar joyas del country como la theme song, “Far from any road”, de The Handsome Family o canciones de Bob Dylan (“Rocks and gravel”), Steve Earle (“Meet me in the alleway”) y Father John Misty (“The angry river”). Aunque las historias son independientes, la segunda temporada mantiene el inicio sombrío y cambia “Far from any road” por “Nevermind”, de Leonard Cohen y temas de Nick Cave.

El músico australiano y sus Bad Seeds tienen un papel fundamental, además, en la serie de la BBC Peaky Blinders, de la que “Red right hand” es la machacona canción de los créditos. Se trata de una nueva versión de 2011 de la canción original de 1994, ideal para el Birmingham de los años 20 y para el protagonista, el gangster Thomas Shelby, el “tall handsome man in a dusty black coat” del que habla la canción. Además de Nick Cave, ponen música a los trapicheos y los planes de la banda de Shelby la versión de “Love is blindness” de Jack White, “Danny Boy” cantada por Johnny Cash, “I think I smelled a rat”, de The White Stripes, “Long snake moan”, de PJ Harvey, “Arabella”, de Arctic Monkeys, “DNA”, de the Kills, e incluso óperas de Puccini. Todo lujo es poco.

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