Cuando algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Eso han debido pensar los organizadores del Festival de Les Arts, que en esta tercera edición han consolidado la ciudad de Valencia como capital del evento. Y lo ha hecho aprovechando una localización envidiable como la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y creando en torno a la música todo un ecosistema que, lejos de restarle importancia a lo esencial, le añade consistencia y atrae tanto a aficionados a la música como a otro tipo de público que solo quiere pasar un par de días entretenidos. Con un cartel en el que se hace obvia la fuerte apuesta por los dos headliners internacionales, Jake Bugg y The Vaccines, Les Arts ha completado un fin de semana de música en el que, por lo demás, ha ido sobre seguro con los sospechosos habituales del panorama indie y con especial atención al talento valenciano.

Viernes 9 de junio

La tarde del viernes arrancó con The New Raemon & Mc Enroe. En realidad, arrancó mucho antes, a las tres y cuarto, con Mechanismo en el escenario Coolway Freestyle, al que también se subieron a las seis Ramón Rodríguez y Ricardo Lezón, a la hora a la que el volumen de público empezó a hacerse significativo. El público se empezó a animar con Gracia, y Rodríguez consiguió arrancar sonrisas pese al calor con Espantapájaros, esa «canción escrita para un hijo de puta», en sus propias palabras. Ambos repasaron su discografía interpretando temas como Rugen las Flores o La Palma, dos canciones que, sin el sol de las seis de la tarde, sin duda habrían encajado mucho mejor en el ambiente. A pesar de eso, la actuación fue musicalmente un placer.

Sorprendentemente, pasar de la poesía cantada de The New Raemon al indie pop de Varry Brava no costó al público más que unos minutos. La banda alicantina tuvo un recibimiento por todo lo alto por parte de un público ansioso por sets alegres y coloridos. A las siete de la tarde, el público aún era diverso, con adolescentes exaltadas en las primeras filas, parejas de más edad e incluso familias al completo. Mientras una joven lanzaba confetti al aire al son de NingunoDos, una madre aupaba a sus hombros a su hijo de unos tres o cuatro años, emocionado con temas como Fiesta o Sonia y Selena. Toda una explosión de energía, sobre todo en temas como Entre el cielo y el mar, Oui Oui o Calor, una de esas canciones «que dejan de ser de una banda para convertirse en canciones de todo el mundo», según proclamó un épico Óscar Ferrer.

Pese al buen ambiente, se hacía obligatorio apartarse un momento del escenario Heineken y hacer una visita rápida al Negrita, para no perderse a los valencianos Arthur Caravan, que, a la vez que Varry Brava, sacaban adelante un set que para muchos actuó como carta de presentación de la banda. Un show con un tono más íntimo, marcado por los acordes de la apocaliptica La gran guerra y que terminó con una más que solvente Menjars al Llit, Somnis a la Taula, sin duda su tema más original.

De vuelta al escenario principal, el set de Varry Brava aún no había acabado, pero entraba ya en la recta final. Más confeti, más brazos al aire, gritos y bailes con Vietnam, y una despedida igualmente alegre con Serotonina. Con los últimos acordes, la fiesta había terminado.

Al menos por el momento, porque de la fiesta, el público de Les Arts se lanzó de cabeza al «espectáculo de variedades» de Miss Caffeina. Así lo definió un Alberto Jiménez que demostró, junto a su banda, que se ha convertido en un impecable profesional sobre los escenarios. La banda que se hizo conocida por sus baladas venía a Valencia dispuesta a hacer añicos la imagen de «ñoños», en palabras del propio vocalista, con la presentación de su último álbum, el bailable Detroit. Aunque Jiménez habló de «recorrido por el pasado» al interpretar antiguos éxitos como Modo Avión, Capitán, Venimos o Hielo-T, lo cierto es que la verdadera vuelta a los 80 se produjo con los ritmos de su último trabajo, temas más electrónicos como Desierto, Gladiador, Detroit o incluso un mix de Ácido con el éxito Maniac, de Michael Sembello.

Javier Martínez / Les Arts

Ya de noche, mientras Alejandro Acosta y Cristina Manjón, Fuel Fandango, desgranaban sus últimas canciones en el escenario Coolway Freestyle, el Heineken volvía a ser una parada obligatoria para la cita con el primero de los dos cabezas de cartel internacionales: el británico Jake Bugg. Aunque el espacio en torno al escenario se llenó casi hasta los topes, y aunque el cantautor de la voz gatuna colocó cada nota en su sitio exacto, su recibimiento fue más bien frío. Cierto es que algunos de sus temas más emblemáticos, como Broken, Simple Pleasures o Taste it consiguieron conmover, sobre todo a los más mayores del público, y que otros como Two Fingers arrancaron a muchos a bailar, pero en general, el público valenciano parecía inmune a los encantos vocales de la gran novedad de Les Arts, quien, dicho sea de paso, tampoco parecía demasiado emocionado por la perspectiva de su primer concierto en Valencia. Una lástima, puesto que el estilo y la interpretación de Jake Bugg en directo son difíciles de igualar.

Gracias a dios, vino Fangoria a salvar la noche para aquellos a los que el toque british no había convencido del todo. El festival se había guardado un as en la manga en forma de Olvido y su banda. Era difícil que defraudaran, y no solo no lo hicieron, sino que encantaron a Valencia con un repaso de éxitos como A quién le importa, Espectacular o El rey del Glam. Y por si fuera poco, antes de los fuegos artificiales finales se atrevieron con versiones de Yo quiero bailar, de Sonia y Selena, y Toro, de El Columpio Asesino.

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