Hablamos con la banda murciana Perro antes de su concierto en La Rambleta, en Valencia, para presentar su nuevo álbum, Trópico Lumpen.

No quieren ponerse intensitos, ni definirse usando etiquetas, y se niegan a que se diga de ellos que son “los nuevos Los Planetas”. Nuestra conversación con los miembros de la banda murciana Perro, Guillermo, Adrián, Aarón y Fran tiene lugar en “el típico bar español regentado por chinos” que recuerdan de la última vez que tocaron en Valencia y que han buscado a propósito para cenar antes de su concierto en La Rambleta, donde forman parte del ciclo Los Ineludibles de Alhambra, en el que van a presentar su nuevo álbum, Trópico Lumpen. Entre platos de bravas y unas cuantas aceitunas, a la espera de unos bocadillos, el grupo de los dos baterías hace apología del ruido en la música, arremete contra los que se visten como en Coachella en el festival de su pueblo y hace un pronóstico que no parece descabellado de hacia dónde va a ir la industria musical: “A la puta mierda”. Pero en ese escenario apocalíptico, Perro sigue trabajando como siempre, por el método de ensayo y error o, como ellos prefieren definirlo, con un método similar al de buscar un canal en una tele vieja: “Hay ruido blanco hasta que encuentras algo, y cuando tiene sentido es cuando paramos”. Y es que hay método en su locura, un método que se nutre de sus vivencias y, sobre todo, de su sentido del humor, que convierte sus bromas privadas en las bromas de todo el público. Un cocktail a priori difícil que, sorprendentemente, funciona a la perfección. Lo cierto es que no les falta razón cuando afirman, siempre en coña, que su estilo es “el caos llevado a la armonía”.

En primer lugar, enhorabuena por vuestro nuevo disco, Trópico Lumpen. ¿Cómo estáis llevando este primer mes desde el lanzamiento?

Pues lo llevamos tranquilamente, trabajando… Lo que pasa es que solo hemos tocado dos o tres veces desde que salió el disco, o sea que de momento aún estamos relajados, fresquitos, porque aún no ha empezado lo duro.

De vosotros siempre se destaca vuestro sonido, que es muy personal, a lo que ayuda también el hecho de que seáis de las pocas bandas que llevan siempre dos baterías. En este nuevo trabajo mantenéis mucho de ese sonido característico, pero ¿en qué habéis querido incidir o qué habéis querido contar de forma algo distinta?

El proceso para grabar Trópico Lumpen ha sido básicamente seguir trabajando con la misma forma en la que solemos trabajar: ir al local y hacer lo que salga de forma natural. Pero es verdad que hemos comprado instrumentos nuevos y hemos abierto un poco el espectro para que saliera lo que fuera, pero más aún. Al final siempre utilizamos bajo, batería y guitarra, pero ahora hemos intentado buscar un estilo más abierto, aunque al final mantenemos la misma forma de trabajar, pero con nuevas inquietudes.

En vuestros inicios se os catalogó como indies, que es como un cajón de sastre donde meter a todos los grupos que empiezan. Sé que no os gustan las etiquetas, pero ¿cómo definiríais el sonido Perro?

Qué difícil. Mil veces nos preguntan eso y mil veces decimos “mmm no sé”. Es un poco como pensar en la diferencia entre un equipo hi-fi y uno normal… o sea, el dinero (risas). Más que que no nos gusten las etiquetas es que ¿qué más da? Nuestro estilo es “lo que sea”, somos bastante eclécticos, es decir, que no vamos buscando un estilo ni hacemos reflexión sobre el estilo, sino que hacemos las canciones como salen. Eso sí, siempre intentamos hacer las cosas bastante ruidosas, nos gusta que tengan melodía también, pero que no sea melodía común. Que suene trans, que suene fresh sin ser pop, you know what i mean?

Llama la atención que reivindiquéis el ruido, la música ruidosa como algo positivo, cuando siempre se pretende hacer ver que la música y el ruido son cosas distintas y que el ruido es algo malo, que hay que evitar.

El ruido es más una cosa de intensidad y de atmósfera o de armonía. Si haces ruido y además le metes melodía, lo tienes todo, ¿no? Es como cuando sintonizabas los canales de las teles antiguas, cuando se oía el ruido blanco, y de repente encontrabas algo. Así es un poco nuestra forma de funcionar, vamos probando hasta que encontramos algo, y cuando cobra sentido es cuando paramos, antes de que cobre demasiado sentido. ¡Es el caos llevado a la armonía!

Dais mucha importancia al sentido del humor en las letras, casi un humor privado, escribiendo sobre vuestras coñas privadas. Veo que eso se mantiene también en este álbum. ¿Hace falta más humor en el mundo de la música?

Nosotros somos partidarios de que todo el mundo se exprese como es y como se siente. Nosotros, por ejemplo, somos un poco monguers y eso se acaba reflejando. Las letras tienen guasa y tal, pero muchas tienen un significado profundo y hasta reivindicativo. Lo que pasa es que no nos gusta ponernos intensitos, porque nos sentimos un poco ridículos, aunque admitimos que hay gente que poniéndose intensita lo hace bien. Esa gente que no tiene pijama, que duerme con traje y cosas así. Pero nosotros nos sentimos un poco ridículos poniéndonos demasiado serios.

Si algo define vuestra música es que es sorprendente, que nunca sabes por dónde vais a salir. ¿De dónde sacáis la inspiración?

Por supuesto, escuchamos mucha música y tenemos nuestras referencias, pero una máxima del grupo es que nuestra música se parezca lo menos posible a algo, y nos chirria cuando notamos que nos recuerda a alguien. Entonces es cuando paramos. Intentamos, más que nada, que sea original, que no nos puedan decir “estos suenan como tal, o son los nuevos cual”. Evitar lo de “son los nuevos Los Planetas”, que se decía antes a todas las bandas que empezaban, y que incluso nos han llegado a decir a nosotros.

Ya habíais grabado vuestro anterior álbum con Hans Kruger, pero además para Trópico Lumpen habéis trabajado con Joe Carra, que ha trabajado con King Gizzard & The Lizard Wizard o Courtney Barnett entre otros. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Corta. Nosotros con Carra no hemos trabajado directamente, solo le mandamos el .wav, el bruto y él lo puso guay. Lo pasó por su estudio de Australia, lo puso boca abajo (risas) y proceso, lo que se dice proceso, no hubo mucho. Pero sí que nos gustó decir “oye, esto ha ido y ha vuelto de Australia en unas horas”. El trabajo de masterización es una pátina final, y aunque no hubo mucha interacción, sí que le dio un color y un brillo que quedaron genial. La interacción sí se dio grabando con Hans, al que ya conocíamos porque el disco anterior ya lo habíamos grabado con él.

Llama la atención sobre todo uno de los temas del nuevo disco, Ese Tu Frescor, por ser bastante más lento de lo que es habitual en vosotros. ¿De dónde vino la idea?

Del “no hay huevos”. La culpa es de un colega nuestro. Para este disco hicimos como una residencia en su casa durante un fin de semana que pasamos en el campo, tocando, dándole al tema, y él nos propuso hacer un tema lento. Dijo “no he escuchado nunca una canción lenta de Perro”, y dijimos “venga, va”. Y la verdad es que costó que saliera.

Ahora empezáis a presentar disco por salas, pero este verano tenéis en agenda varios festivales. ¿Dónde sentís que encaja mejor?

En sala. Nos gusta más la sala por el calorcito, la gente está más cerca de ti, más animada, el público es diferente. Es verdad que, por regla general, en los festivales la gente está muy animada también, y de puta madre, pero ¡la gente va con tirantes! O va en plan Coachella, o con gafas de sol por la noche, aunque ahora hay algunas de esas que llevan rejilla. La verdad es que hemos tenido conciertos geniales en festivales y conciertos geniales en sala, aunque nos parece que en sala hay más calor, rebota todo más, y si te lanzas al público no te rompes la tibia.

¿Cómo veis desde dentro el mundo de los festivales? Cada vez hay más, este verano tocáis casi en una decena, y en muchos de ellos el cartel es… digamos que no muy diferente.

Es verdad que a lo mejor se está abusando un poco, y es verdad que cada vez hay más, más seguidos. La mayoría de grupos siempre son los mismos, y eso es una puta mierda, aunque por otra parte mola el hecho de acercar un mismo estilo a las mismas ciudades. Es verdad que nosotros este verano vamos a 8 festivales, pero no 20, no estamos hablando de Love of Lesbian… Eso sí, nos gustaría que se diera más prioridad a grupos emergentes o a gente de estilos diferentes. Que, al menos, los festivales tengan hueco para ese tipo de grupos, que no sea todo del mismo rollo.

Pero el problema de esto es el dinero. Cuando montas un festival, las bandas tienen que cobrar y la gente tiene que ir para que quien lo ha montado pueda recuperar el dinero que ha invertido. Es el dinero. Parece una respuesta que vale para todo, pero es verdad. Al final, tienes que traer siempre a los mismos cabezas de cartel.

Hace cosa de una década nadie habría sabría nombrar a una sola banda de Murcia, y ahora se habla incluso de panorama o escena murciana. ¿Os tira un poco para atrás ese concepto?

Hombre, está bien que haya bandas en Murcia, pero siempre ha habido. Nosotros no es que llevemos a Murcia por bandera. O sea, Murcia está guay, vivimos ahí muy bien, porque se vive muy barato, con 300 días de sol, está la Manga del Mar Menor (una mierda, está siempre petada y se la han cargado), pero no hay que ser garrulo y decir que Murcia es lo mejor y los grupos de Murcia lo petan en todo el mundo. Hay buenas bandas en Murcia, como las hay en Cantabria. ¡Eso sí!, con el gobierno de puta madre, eh, que estamos pendientes de una subvención (risas).

De todo lo que habéis vivido en estos más de cinco años de carrera, ¿con qué momento os quedáis?

Hay que quedarse con los amigos que hemos hecho (se oyen ohs y ahs) y lo espectacular, lo especial, que es la música. Los conciertos que más recordamos son los que hemos hecho en salas pequeñas, sobre todo al principio. Así a bote pronto, por ejemplo, la sala Lupita, en Barcelona, una sala super chunga, que parecía una tetería-prostíbulo. También la primera vez que tocamos en El Sol, el Low… Nosotros no nos esperábamos ni tocar en directo, y de repente…

De los grupos emergente, o con un sonido diferente, como vosotros, se dice a veces que son el futuro. Pero desde vuestra posición, ¿por dónde creéis que irá el futuro de la música?

Pues a la puta mierda, ¿no lo estás viendo? ¿No nos ves a nosotros? (risas) Pensamos que la gente se cansará de la burbuja festivalera y que los chiquillos vienen con otro rollo. La cosa tiene que ver también con que la clase media ha desaparecido. La clase alta se va a quedar con los festivales caros y la clase baja que no puede pagar pasta para ver a una banda no irá a conciertos. Aunque luego están los hippies, que son hijos de padres que están forrados… En la música underground antes era como un palmazo que fueran entre 80 y 100 personas a un concierto, ahora muchos se dan cabezazos porque vengan 50 personas a verlos. La cosa está cayendo.

Y en cuanto a estilos, ¿qué se puede decir cuando lo último que lo está petando es esa canción de Cómeme el donut? Los festivales del futuro serán de trap… Aunque igual el trap también es una burbuja, la vida son ciclos. Quizá volverá el rollo sesentero, de Nino Bravo y tal, o quizá se desarrollarán nuevas formas de electrónica.

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