Entrevistamos a La M.O.D.A

Sería fácil empezar con el juego de palabras de que La M.O.D.A está de moda. Y, efectivamente, es un buen año para La Maravillosa Orquesta del Alcohol, cuyo nombre resuena por la docena de ciudades por las que aún tiene pendiente pasar su gira, que no conoce las vacaciones ni en verano, cuando los grandes festivales de nuestro país, como el Mad Cool o el Montgorock, han hecho un hueco a este septeto burgalés que ya lleva a sus espaldas tres álbumes de estudio. Pero La M.O.D.A huye de las modas, de la imagen y  de las etiquetas y ha conseguido que sea imposible ubicar su sonido en un género. Con influencias tan dispares como Johnny Cash y Eskorbuto, un sonido que recoge la música popular balcánica e irlandesa, y referencias a Benedetti y a Oscar Wilde en sus letras, parece difícil que el grupo llegue al gran público. Pero lo hace, y consigue lo que se propone: “sonar a sí mismo”.

Lo expresa así David Ruiz, vocalista de la banda, que no deja de reivindicar lo que hay de música propiamente dicha en una industria musical que, muchas veces, prima lo accesorio.Una industria con la que se muestra crítico pero que aspira a cambiar con menos quejas y más hechos. Trabajando desde dentro. Componiendo canciones “que lleguen”, con significado, que potencien la música como vía de expresión de emociones y como cultura y que, a su vez, no se olviden de mirar alrededor, como las de su último disco, Salvavida (de las balas perdidas). Porque La M.O.D.A también es, a veces, un grito, una reivindicación, una llamada a la acción, pero, remarca Ruiz, “evitando discursos panfletarios, adoctrinamientos y posturas políticas”. Y es que lo tiene claro: su única bandera es su público, su gente.

De vosotros se han dicho muchas cosas, se os ha colgado muchas etiquetas, pero ¿qué es, según vuestra propia definición, la Maravillosa Orquesta del Alcohol?

Somos un grupo con instrumentos poco habituales como acordeón, saxo, banjo, mandolina o guitarras acústicas con influencias muy variadas, que van desde el blues, el folk, el country, al punk y el rock and roll. Somos un grupo que intenta decir las cosas de una forma personal y que intenta sonar a sí mismo y eso creo que ya es bastante.

También se os ha comparado con muchas otras bandas, con Mumford and Sons, con Arcade Fire… pero, ¿cuáles son vuestras influencias a nivel musical?

Nos influyen todos esos estilos que te comentaba y, en cuanto a nombres, podemos mencionar a Johnny Cash, Bruce Springsteen, The Clash, Bob Dylan, Eskorbuto… Neil Young también nos gusta mucho, grupos como Wilco…

Vuestra música recuerda un poco al sonido de cantautores irlandeses como Glen Hansard , algo que no es de extrañar ya que estuvisteis un tiempo en Irlanda. ¿Qué os llevasteis de allí, de un país en el que se respeta tanto la música en todas sus formas?

La música irlandesa nos gusta mucho. Aparte de Glen Hansard, que me gusta mucho, hay un grupo ahora que se llama The Gloaming, y muchos más. Y de Irlanda nos llevamos la música de pub, la música callejera, el poder de la música para unir a las personas y lo importante que es en el día a día. También ese espíritu de poder montar un concierto en cualquier lado. Con esa influencia fue con la que montamos el grupo, para poder improvisar conciertos en diferentes lugares y para poder compartir la música.

Empezasteis cantando y componiendo en inglés y después os pasasteis al castellano. ¿Fue una forma de contar con más claridad lo que queríais contar?

Empezamos cantando en inglés porque la mayoría de los grupos que nos han marcado lo hacían en ese idioma, pero enseguida nos dimos cuenta de que si queríamos expresarnos con más concisión y con más concreción y si queríamos llegar al público, teníamos que hacerlo en nuestra lengua materna, que es el castellano. Fue un paso para hacer que nuestra propuesta fuese realmente algo personal y propio.

Preguntaba antes por las influencias musicales, pero vuestras letras no sólo beben de otros artistas y bandas. Mencionáis en algunas canciones obras literarias, hacéis referencia a Benedetti, a Oscar Wilde, nombres que no suelen escucharse en canciones contemporáneas.

Es que a nosotros no solo nos influye la música, también los libros que leemos o las películas que vemos. En cuanto a autores, tenemos que destacar a Antonio Machado, Miguel Hernández, Henry David Thoreau, Henry Miller, Charles Bukowski, Benedetti, y muchos más.

Ya lleváis unos cuantos años en esto y vuestro sonido ha ido evolucionando. ¿Qué cosas nuevas habéis querido transmitir en Salvavida (de las balas perdidas) o en qué habéis pretendido ahondar?

Lo que queríamos era conservar la identidad y la esencia de la banda pero a la vez abrir nuevas ventanas, incorporar nuevos sonidos, nuevos ritmos y nuevos instrumentos. Nos hemos inspirado en la música popular europea, desde los Balcanes hasta Irlanda, en la música popular francesa, con referencias a Edith Piaf o con la introducción por primera vez en nuestros discos del clarinete. Incorporamos nuevos instrumentos como el saxo barítono, la tuba o el violín trompeta, nuevos ritmos, como el patrón irregular de La Inmensidad, y elementos de percusión propios del folclore tradicional castellano, como el pandero cuadrado que abre este single. En cuanto a las letras, hemos querido llevarlas un paso más allá en canciones como Océano o el final de Himno Nacional, y estamos muy contentos de dónde nos ha llevado este álbum. Esperamos que al público le lleguen las canciones igual que a nosotros.

Siempre habéis introducido en vuestras canciones un tono de lucha, y ahora nos encontramos temas como Océano que parece que tienen un tono más de reivindicación social. ¿Por qué lucha la M.O.D.A con su música?

Es algo que ya estaba en nuestras letras, e incluso en el título de ¿Quién nos va a salvar?, también en canciones como Nómadas, muy críticas con la sociedad y la política del momento, Flores del Mal o Los Lobos, que también tienen toda esa carga. Ahora solo es una parte más de esa evolución. Somos una banda con los pies en el suelo a la que le interesa y le importa mucho lo que pasa a su alrededor y lógicamente todo lo que tiene que ver con el ser humano y con la sociedad se cuela en las canciones, pero evitando discursos panfletarios, adoctrinamientos y posturas políticas. Cantamos a la gente, no a ningún partido ni a ninguna bandera, y todo desde el punto de vista de los sentimientos y las emociones.

También introducís mensajes sobre la industria musical, sobre el sector, como “podéis elevar vuestra voz de anuncio si os deja la laringe, la música no es un juguete”.  Vosotros, desde dentro, ¿os habéis encontrado que se sigue tratando la música como un juguete en España?

Hay de todo, pero Océano, además de un manifiesto vital y una síntesis del espíritu de este álbum, es una reacción a los momentos en los que vivimos en los que parece que la música es lo menos importante dentro de la propia música. Afortunadamente, también hay bandas que dan importancia a las canciones antes que a los vídeos, a las fotos, a la estética  y a las redes sociales y nos quedamos con eso, con que hay propuestas increíbles, desde Guadalupe Plata, Depedro, pasando por Morgan y Sílvia Pérez Cruz, que nos llenan y nos hacen creer que todavía hay esperanza en la música nacional.

En este contexto de reivindicación, te tengo que preguntar por la política cultural. ¿Se hace bastante desde el gobierno por la promoción de la cultura y la música?

Es una cuestión que va más allá de echarle la culpa a un gobierno o a unas administraciones públicas, es más bien una cuestión personal, porque es una cuestión de educación. Hablabas antes de Irlanda, donde la música es una parte capital de la vida y el día a día, y aquí en España creo que no somos conscientes todos de la importancia que tiene la música desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en los malos momentos nos ayuda a superarlos, en los buenos momentos es la banda sonora perfecta. Hay una música increíble en España, desde la que se hace en Galicia hasta el flamenco más puro de Algeciras, y creo que tendríamos que ser más conscientes de ello. Pero eso todos, desde la gente que va a los conciertos a hablar, hasta la gente que cree que comprar un disco es tirar el dinero y prefiere descargárselo gratis y gastarse ese dinero en un cubata. Y podríamos seguir, pero no sirve de nada patalear y quejarse, hay que intentar predicar con el ejemplo y, en nuestro caso, hacer canciones que merezcan la pena, tratar con respeto y profesionalidad a los compañeros de oficio y respetar al público. Entre todos habrá que intentar darle la vuelta a la situación pero con hechos.

Habláis mucho de la importancia de la música como cultura, como algo más que solo un entretenimiento. En la era del boom de los festivales, ¿creéis que esas citas están ayudando a dar prestigio a la música en ese sentido, o que acentúan esa dimensión más de entretenimiento?

Hace unos años no había casi ningún festival y supongo que mucha gente se quejaría de que la oferta cultural en España era inexistente. Hay que apreciar lo que tenemos, aunque eso no significa no ser críticos. Pero partimos de la premisa de que el hecho de que alguien vaya a un festival es positivo. Que la gente quiera ir a festivales está de puta madre, y ver a 60.000 personas cantando una canción te pone la piel de gallina. Todo podría ser mejor pero es cierto que todo esto tiene también una parte de entretenimiento, y no somos nadie para definir qué tiene que ser la música. En el mismo festival, viendo al mismo grupo, puede haber una persona que considere que ese es el momento más importante de su vida, y otra que está a su lado que solamente esté pasando un buen rato y olvidándose de los problemas.

Una tiene la impresión de que vuestra carrera ha sido gradual, que habéis ido haciéndoos un nombre poco a poco, pero a la vez que el último año ha sido muy rápido y muy intenso. No sé si lo habéis vivido así, con esa intensidad, o si desde dentro ha sido todo mucho más pausado y más progresivo.

Para nosotros ha sido un proceso paulatino, un trabajo diario, de ganar seguidores uno a uno, del boca a boca, de hacer muchos conciertos y mantener el contacto directo con nuestros seguidores. Empezamos tocando para 20, 30, 50 personas, a la siguiente visita a la ciudad venía el doble, y luego cada vez más… Ahora más festivales nos llaman, los promotores nos tienen más en cuenta, pero ha sido un proceso muy natural y nosotros seguimos manteniendo la esencia del primer.

En el mundo de la música, sobre todo ahora, no sé si es muy recomendable hacer planes, pero en este punto de vuestra carrera, ¿con qué sueña La M.O.D.A?

Soñamos con seguir como hasta ahora, con seguir disfrutando de la música, dando conciertos, visitando ciudades, viendo a viejos amigos en las que ya conocíamos, descubriendo nuevos países… Y, si conseguimos hacer que con nuestra música los malos momentos del que nos escucha sean un poco menos malos y los buenos sean mejores, creo que no se puede soñar con nada más.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies