Los estadounidenses demuestran que están hechos para el directo en su primera visita a la capital valenciana.

A mediados de este año lo anunciaba la promotora valenciana Tranquilo Música. Nacía un nuevo concepto de festival, más bien un ciclo de conciertos en salas, que recuperaba un concepto muchas veces despreciado: las Popular Songs, canciones populares. Con esa premisa, programar a The Pains of Being Pure at Heart , con seis fechas españolas en el calendario, como uno de los cabezas del cartel de esa nueva cita en Valencia parecía todo un acierto. Lo demostró la propia formación neoyorkina en la noche del jueves, ofreciendo en Rambleta un espectáculo sencillo, cercano e impecable, con el que se ajustaron al pie de la letra a este concepto, el de lo popular. Un directo de valor añadido, una auténtica lección de estilo, de cómo hacer disfrutar sin florituras y sin pretensiones.

Los primeros acordes de la noche llevaban la firma de la banda valenciana Fantastic Explosion, que presentó su personal mezcla de géneros, que por momentos oscilaba entre Jake Bugg y King Krule, y puso toda la carne en el asador con un desparpajo envidiable.

Poco después, el público acogía con total naturalidad y no pocas ganas a The Pains of Being Pure at Heart, que arrancaron con una interpretación de My Only que podía haber sonado más alto pero no más claro. Y así, sin desgañitarse, sin grandes aspavientos, dieron paso, uno tras otro, a sus himnos indies: Heart in your Heartbreak, The Body, y una enérgica Anymore, con la que consiguieron meterse al público en el bolsillo para el resto de la noche. De menos a más intensidad, los de Kip Berman construyeron un relato que recorrió sus álbumes de estudio y EPs. Con Come Saturday, Higher Than The Stars, y Falling Apart So Slow llevaron a cabo un innegable trabajo en equipo que, aunque no fuera un derroche de pasión, sí fue de una calidad técnica de la que solo se consigue con una verdadera compenetración.

Decir que lo tenían medido es decir poco. Los temas finales arrancaron, por fin, aplausos, gritos, manos al aire y algún que otro salto. En su crescendo, reservaron para la mitad final del espectáculo las bazas ganadoras. When I Dance With You tuvo la acogida que se espera del tema que la banda lleva por bandera, Young Adult Friction dejó como regalo un más que notable solo de guitarra de Berman, Everything With You no defraudó y, antes del encore recordaron, por si hacía falta, que ellos son The Pains of Being Pure at Heart, convirtiendo la canción que lleva su nombre en un himno.

Telón, y reaparición. El carismático Kip Berman salió al escenario acompañado solo de su guitarra eléctrica para crear un momento mágico con un cover de Suzanne, de Leonard Cohen, que tuvo al público en vilo durante casi cinco minutos. Pero el show no había acabado, y después de los merecidos aplausos, aún quedaba espacio para Belong, ya con toda la banda, que después del respetuoso silencio durante el tema anterior, sonó casi épica. Y como habían llegado, sin grandes trucos, habiendo contado lo que venían a contar, The Pains of Being Pure at Heart desaparecieron del escenario con un discreto saludo y con el objetivo cumplido de hacer que lo complicado parezca sencillo.

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