Los impredecibles sets del Unexpected Primavera marcan la última edición del festival, que una vez más es todo un éxito rotundo.

Un año más, el Primavera Sound llega a su fin y nos deja con innumerables recuerdos que guardar hasta el año que viene. Con una asistencia estimada por encima de los 200.000 espectadores a lo largo de toda la semana y más de 350 actuaciones programadas, la decimoséptima edición del festival se presentaba como inabarcable, y ante todo, imprevisible. Ha sido una edición marcada por las nuevas generaciones, donde la organización ha decidido dejar la mirada puesta al futuro y apostar más que nunca por artistas que, pese a su corta trayectoria, su valor es ya inmenso e ilimitado.

Jueves 1 de junio

La primera jornada principal la empezamos bajo el sol disfrutando del directo de Kevin Morby, presentando en directo City Music desde el escenario Heineken. Ataviados con trajes blancos repletos de notas musicales, el ex-bajista de Woods  y su banda cumplieron con lo esperado y desgranaron su llamativa propuesta de rock folk ante los primeros asistentes que poco a poco fueron llegando. Sabíamos que ver a Alexandra Saviour en directo iba a ser seguro una garantía de triunfo así que, pasadas las 7, no dudamos en desplazarnos hasta el escenario Pitchfork para poder disfrutar del set de la estadounidense, una suerte de mezcla entre Lana del Rey y Dusty Springfield que desborda magnetismo, sencillez y elegancia sobre escena, algo reflejado en temas como Mistery Girl Shades, que en directo sonaron contundentes y rotundas. Saviour sabe cómo jugar con su audiencia y su gran presencia sobre escena fue toda una confirmación de su propuesta como artista.

Foto: Alba Ruperez / Primavera Sound

Y tras Savior, directas al escenario Adidas para disfrutar de otra de las voces femeninas más interesantes que nos ha traído este 2017: la australiana Julia Jacklin, quien a finales del año pasado publicaba su maravilloso debut Don’t Let The Kids Win, un conjunto de canciones en las que juega con el folk y el rock de la forma más sutil y delicada y que en directo lo mantiene con mucha clase y exquisitez. A destacar, la soberbia Pool Party, probablemente su tema más conocido y que en directo sonó descomunal.

Mientras en sus redes sociales anunciaban a nivel mundial todos los detalles de su nuevo disco de estudio Everything Now, Arcade Fire sorprendían a propios y extraños apareciendo en un pequeño escenario de 360 grados situado en medio del Fòrum para ofrecer un inesperado set sorpresa a modo de calentamiento de cara a su actuación del sábado, inaugurando así una de las grandes novedades del festival este año: el Unexpected Primavera, que durante todo el festival brindaría a los asistentes momentos únicos e irrepetibles en forma de conciertos sorpresa. Estrenando en primicia dos temas nuevos (el ya conocido Everything Now Creature Comfort) y mostrando su cara más sencilla y sincera, Arcade Fire demostraron que no necesitan artificios para triunfar, reafirmándose como todo un icono generacional a base de grandes éxitos.

Foto: Eric Pamies / Primavera Sound

Presentando 22, A Million por primera (y de momento única) vez en España, su electrónico álbum de ruptura que tan buenas críticas le han valido, Bon Iver aparecían sobre escena poco antes de las once, iluminando el escenario principal con su contundente e innovadora propuesta. Justin Vernon ya no es ese cantautor que descubrimos en For Emma, Forever Ago, siempre con guitarra en mano. La banda de Wisconsin ha cambiado las guitarras por los teclados y los sintetizadores, ofreciendo ahora un set lleno de fuerza y efectos sintetizados, centrado en su último disco de estudio y con un set repleto de temas del 22, A Million. Aun y nuestras dudas de si una propuesta como la suya iba a funcionar en un festival de tales dimensiones, Bon Iver consiguieron encandilarnos y brindar un set formidable. Y cuando ya parecía haber terminado, las primeras notas de Skinny Love empezaban a sonar con solo Justin Vernon en el escenario, iluminado por un único foco de luz blanca. Un final emocionante que nos llevó de nuevo hasta 2008 y que puso fin a uno de los conciertos más emocionantes y desgarradores del Primavera Sound.

Foto: Eric Pamies / Primavera Sound

Desplazadas hasta el escenario PRO, pudimos disfrutar del asombroso directo de los debutantes Gold Class, banda de post-punk que continúa con su ascenso desde el underground australiano hasta los escenarios de todo el mundo. Crudos a la vez que sofisticados, sorprendieron con su poderoso directo, reuniendo a una considerable masa de gente que no quiso perderse temas como su nuevo single Twist in the Dark.

Otra de las novedades del Primavera Sound este año fueron The Backstage Parties, inauguradas también el primer día del festival y a las que solo pudieron acceder los propios artistas, la organización del festival y unos cuantos afortunados que consiguieron uno de los “tokens” repartidos aleatoriamente durante los tres días del festival. Fue allí donde pudimos disfrutar del directo de los angelinos Local Natives, quienes ofrecieron un pequeño set de madrugada e hicieron mover a los allí presentes con su contagioso indie rock con toques electrónicos.

La prolífica banda psicodélica King Gizzard & The Lizard Wizard se presentaba como una de las actuaciones más esperadas de la primera jornada del festival -y no era para menos. Empezando con Rattlesnake y cerrando con la celebrada Cellophane, fueron pura adrenalina y euforia, con un set centrado en sus últimos tres discos y que desató grandes pogos y una inacabable batería de melodías que demostraron lo que King Gizzard son a día de hoy: una de las bandas más excitantes y en forma de la actualidad.

Foto: Garbine Irizar / Primavera Sound

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