Harry Styles ha dado un salto cualitativo y ha vuelto a nacer como una estrella del rock en ciernes. Una estrella del rock adulta
4.0Nota Final

Lo tenía difícil, pero lo ha hecho. Harry Styles ha construido un álbum debut que no se puede calificar, de ninguna manera, como un placer culpable. El disco homónimo del artista británico, ex integrante de One Direction, es un placer, a secas. Si Zayn Mailk intentó, con escaso éxito, ser el nuevo The Weeknd en su carrera en solitario y Niall Horan sigue siendo esa especie de primo pequeño que solamente provoca cierta ternura, Styles ha dado un salto cualitativo y ha vuelto a nacer como una estrella del rock en ciernes. Una estrella del rock adulta.

Aunque nunca haya renegado de su pasado en la boyband más exitosa de la última década, no queda nada del estilo de éxitos pensados para la radio y para los conciertos en macroestadios llenos de quinceañeras exaltadas. Parece que el artista, con tan solo 23 años, siempre ha tenido muy clara la música que quería hacer. Y ahora la ha hecho, como quien no quiere la cosa, y la ha reunido en un álbum debut que sorprende por su calidad y por la naturalidad con la que el ex One Direction mezcla géneros, adopta lo mejor de cada uno y construye canciones a la altura de los grandes ídolos del pop rock. Del pop rock adulto.

La inclasificable Meet me in the Hallway es toda una declaración de intenciones sobre lo que se avecina y, musicalmente, una de las joyas del álbum.  Dicen que los grandes rockeros hacen grandes baladas, y esta canción podría ser una de ellas, aunque menos obvia y más inesperada. Que el joven Styles tiene un panorama prometedor por delante lo dejan claro los ecos de este primer tema, que no es difícil imaginar como intro de una serie o banda sonora de una súper producción.

Y por si aún quedaban dudas, por si aún quedaba alguien por convencer, a continuación llega Sign of the times, primer single del álbum. Una melodía cargada de emoción, una letra potentísima y un envoltorio que magnifica la versatilidad de la voz de Harry Styles. Decir que este adelanto del álbum del británico recuerda a Bowie es tan obvio que cuesta pararse a pensar en lo que eso significa. Un chaval nacido en 1994 ha conseguido captar la esencia de la música de Bowie y trasladarla al presente sin que pierda un ápice de su fuerza. Ya quisieran muchos.

Pero Sign of the Times es más que Bowie. Es todo un homenaje a lo mejor de la música británica, con un inicio donde el piano y los primeros versos recuerdan a Elton John y algunos agudos tienen una clara influencia de Queen.  Y si el tema que abre el disco podría ser la intro de una serie, Sign of the Times y sus solemnes y épicos estribillos podría encajar perfectamente en una película de James Bond. ¿Hay algo más puramente británico que eso? También es la perfecta canción para cantar con unas cuantas copas de más a voz en grito en un pub inglés, sin que ello la desmerezca, sino al contrario.

Antes de que uno se pueda reponer de la sorpresa, llega Carolina, un tema en el que el de Chesire muestra una experiencia en el plano de lo musical que, por una simple cuestión de edad, no tiene. Styles no tiene miedo a meterse donde no le llaman, y en este tema experimenta con la línea difusa entre el country y el rock, con un estribillo in crescendo y una letra sobre una mujer fatal. Un género difícil de definir que, a pesar de que parece que se canta sin esfuerzo alguno, no deja una nota fuera de su sitio. Harry Styles no deja nada al azar.

Two Ghosts recupera el tono de Sign of the times. En esta balada, el inglés evita caer en el sentimentalismo fácil de boyband y mide cada verso y cada nota para construir un tema que podría haber firmado perfectamente un Robbie Williams serio y contenido. Su posición en el álbum, es cierto, hace que la siguiente pista, Sweet creature, desmerezca un tanto. Este segundo single, otra balada, esta vez acústica,  es una muestra del buen gusto poco usual del artista, pero termina haciéndose algo repetitiva, pese a detalles como los coros y los punteos de guitarra que intentan darle algo de vida.

Tras esas dos baladas, uno ya llega con ganas de algo más movidito a Only angel, pero no se espera que el sexto tema del álbum vaya a sorprender con su frescura y su fuerza. Con un inicio que podría ser perfectamente de temas de grupos consagrados del rock como Aerosmith, cantada con todo el descaro de sus 23 primaveras y con una perfecta armonía entre la voz, los coros, y la música. Es cierto que quizá a Styles le falta voz para pasarse al rock más puro, pero tampoco lo pretende, y esta aproximación supera con creces todas las expectativas.

Por su parte, Kiwi recupera lo mejor del por rock ochentero sin perder de vista el sonido de iconos de los sesenta como –sí, tenemos que decirlo- los Beatles. Llegados a este punto, es cierto que empieza a cansar un poco el efecto de distorsión de la voz que aparece también en Carolina y Meet Me in the Hallway, pero dentro del estilo retro del álbum se le puede perdonar. Un tema que promete dar mucho de sí en directo.

Después de estas dos joyas, Ever since New York resulta aburrida y prescindible, y no porque sea un tema lento, sino porque se queda algo deslucido al lado de las anteriores baladas. Pero Styles consigue remontar su álbum debut con Woman, una canción que tiene mucho de jazz y de la que cuesta imaginar qué pensaran los fans adolescentes de la boyband.

Con From the Dining Table, Styles cierra su disco sin estridencias ni demostraciones de fuerza que no necesita. Es un tema sorprendente, con unas letras que declaran, una vez más, que el joven cuya cara aparece en posters, camisetas y tazas de merchandising, ha quedado muy lejos. «Comfortable silence is so overrated», canta Styles hasta un final delicado, un broche de oro para un álbum maduro y meditado, sin innecesarios fuegos artificiales.

Harry Styles no ha iniciado su carrera en solitario a la búsqueda de su estilo personal. Harry Styles tenía muy claro donde quería ir con su música, y hacia allí se dirige, sin vacilaciones y sin complejos. Mientras siga teniendo claro cuál es su voz, no va a tener ningún problema en un camino que quizá sus antiguos fans no entiendan del todo. Y es que al dar el salto, ahora, por fin, su público es el mundo.

El disco homónimo de Styles se puede comprar en iTunes aquí.

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