Crítica: Alex Cameron - Forced Witness (Secretly Canadian)
3.5Nota Final

En su álbum debut Jumping The Shark, Alex Cameron construyó con tanto éxito un personaje que era difícil evitar odiarle. El artista australiano se presentó en su primer álbum como el perfecto malo de película, un concepto que impregnó desde la estética de sus vídeos musicales hasta las propias letras de sus canciones. El truco funcionó. Alex Cameron consiguió llamar la atención hacia su música, de un particular estilo rock-electrónico-retro con aires de los 80, una herramienta al servicio de las historias más rocambolescas y de los personajes más retorcidos.

Solo un año después de la publicación de su debut, Cameron se reinventa en Forced Witness, un segundo álbum en el que ha decidido que ya no le hace falta el disfraz. En su segundo largo, junto con las falsas arrugas y el pelo engominado que le caracterizaba en su primera era, Cameron ha desechado también los agobiantes ritmos de sintetizador y ha apostado claramente por un sonido más limpio en el que deja que la voz y el saxo de su compañero Roy Molloy adopten protagonismo.

La temática, eso sí, no ha cambiado. A Cameron le siguen fascinando los freaks, los perdedores, los sinvergüenzas, y sigue retratándolos en toda su crudeza. Bajo la aparente sencillez de melodías como la de Candy May, que recuerda al sonido éxitos de Roxy Music, Cameron habla de relaciones tóxicas y de engaños. Con el fondo alegre de piano y saxo de Country Figs, deja reflexiones inesperadas como “the worst part about being homeless is waking up from a dirty wet dream with a lap full of cum and a head full of steam”. Y resulta especialmente llamativo que una canción como True Lies, que podría formar parte de un recopilatorio de lo mejor de los 80, hable de la infidelidad en internet. También habla de infidelidades y amantes Studdmuffin96, que recupera en cierto modo el tono eléctrico del primer álbum para contar la historia de un hombre que finge ser más joven en internet para engañar a una chica a la que ha conocido online que “casi tiene 17 años”. No contento con dedicar dos temas a este asunto, lo retoma en The Chihuahua, esta vez haciendo referencia al porno online.

Aunque le red y las posibilidades de engaño que ofrece conforman un hilo conductor que cumple su función de llamar la atención, musicalmente destacan, sobre todo, otros temas. Es el caso de Runnin Outta Luck, co-escrita junto a Brandon Flowers, vocalista de The Killers, en la que relaja el tono pero mantiene el ritmo, pero también de la remarcable colaboración con Angel Olsen, Stranger’s Kiss, una balada en la que la fusión de las voces de ambos es todo un acierto. The Hacienda, por su parte, es una mezcla interesante de estilos, donde el australiano pone un pie en el country y en la que el punteo de guitarra casi se acerca, aunque no demasiado, al reggae.

Y aunque el álbum se cierra con Politics Of Love, con un sonido muy clásico, ideal para ese tipo de canciones que nunca pasa de moda, realmente Cameron cierra el álbum en Marlon Brando, la pista anterior, en la que dibuja al detalle al protagonista tipo de las historias que relata: un tipo duro, que aspira a ser la reencarnación del actor estadounidense, un hombre al que le gusta meterse en líos con mujeres ajenas y al que le guía solamente su ego. Un personaje que cierra el ciclo de Forced Witness y enlaza a la vez con las canciones de Jumping The Shark.

Alex Cameron ha prescindido en su segundo trabajo de estudio del maquillaje, de la caracterización, pero sigue firme en su afán de retratar lo sórdido y lo patético. Y, sin duda, uno de los puntos fuertes de este álbum es que ha encontrado un sonido más adecuado para hacerlo. Ahora que sabemos que Cameron puede construir temas muy sólidos sin esconderse tras la electrónica, queda claro que su carrera no ha hecho más que empezar.

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